jueves, 6 de septiembre de 2012

Tesoro del Carambolo Sevilla Una Maravilla Històrica





Una de las primeras manifestaciones culturales desarrolladas en la Península Ibérica es la correspondiente a la civilización de Tartessos.
Siempre se ha visto la imagen de esta civilización bajo el aura de la leyenda y el mito, pareciendo más un país de fábula que una realidad histórica.
 Lo cierto es que hoy, avanzados considerablemente los estudios arqueológicos sobre el particular, sabemos que Tartessos fue en efecto una próspera civilización autóctona, localizada principalmente en el Bajo Guadalquivir, lugar de una enorme riqueza agrícola, ganadera y sobre todo minerometalúrgica, que dispuso además a través del propio río y de su desembocadura, de una vía de comunicación comercial privilegiada.



 Por todo ello no es de extrañar la prosperidad de este territorio y su fácil y rápido desarrollo cultural.
En una primera etapa Tartessos es fundamentalmente una civilización autóctona, cuyos orígenes tal vez se relacionen con la aparición todavía neblinosa de los llamados Pueblos del Mar, que en su dispersión podrían haber llegado a estos confines.

De todas formas ese origen no está claro, y sí que podríamos relacionar el desarrollo original de este pueblo con la herencia de las culturas megalíticas del SE español.
Esta primera fase, más independiente, podría fecharse aproximadamente entre el 1300 y el S. VIII a.c, y cuenta con un soporte cultural mítico en el que aparecen algunos reyes relacionados con la propia figura de Hércules, caso deGerión, primer rey mitológico de Tartessos, aunque tal vez los más conocidos sean Gargoris yHabis, cuya leyenda establece los orígenes de la estructura económica y social de Tartessos.

"Bronce fenicio Carriazo". (Hacia 600 a.C.). Sevilla.

A partir de ese momento se produce la llegada de los fenicios a las costas mediterráneas, que como es lógico contactan rápidamente con esta civilización, la más próspera de la Península, como lo harán también después los griegos.

En este momento la influencia fenicia, las posibilidades que ofrece su comercio, su expansión internacional, su moneda y sus posibilidades técnicas más desarrolladas de explotación, otorgan a Tartessos su periodo de mayor esplendor y sin duda es esa etapa la que quedaría mitificada en la literatura por su florecimiento y riqueza.

La meseta del Aljarafe que limita al poniente el valle inferior del Guadalquivir, presenta sobre la vega de Triana un conjunto de pequeñas elevaciones, también llamadas carambolos, que son el resultado de los bordes mas escarpados de la meseta.




 Entre dos de estos cerros, el de San Juan de Aznalfarache y el de Santa Brígida, se encuentra situado El Carambolo por antonomasia, a tres kilómetros de Sevilla, dominando el barrio de La Pañoleta, donde se dividen las carreteras a Huelva y a Mérida. Su altitud es de 91 m. sobre el nivel del mar y 60 m. sobre la vega de Triana. Este es precisamente, el enclave de un fastuoso tesoro tartésico e importantes restos de cerámica.



 También los griegos arribaron a esta zona y comerciaron con intensidad durante su última etapa de esplendor, entre los siglos VII y VI a.c., aunque su ascediente sobre la cultura tartessica será menor que la fenicia.

Argantonio gobernó Tartessos en la abundancia


 De esta fase es de la que habla Herodoto, el primer historiador que la cita, comentando su prosperidad, bien ilustrada en el nombre del rey, que según este mismo historiador fue el más importante de este pueblo, Argantonio, literalmente “hombre de plata”, nombre que vendría a sugerir  esa riqueza legendaria de Tartessos.

Esta fase y la propia existencia de Tartesos duraría aproximadamente hasta el S. VI a.c, momento en que la propia decadencia de los fenicios a manos de los cartaginenses en el Mediterráneo, arrastró también la propia decadencia y crisis de Tartessos.


 Está claro por tanto que la civilización tartéssica como tal se relaciona principalmente con el predomino sobre la zona de la colinización fenicia.

Lo prueba la cronología de los restos arqueológicos hallados, así como las representaciones religiosas que se han encontrado y que se vinculan a los cultos fenicios de sus dioses: Astarté, Baal, o Melkhart. No en balde una de las colonias fenicias más antigua y próspera, Gadir, Cádiz, se encontraría en los confines del enclave tartéssico.

Ocho placas de 9 por 5 centímetros, construidas de forma semejante, con dos láminas de metal algo separadas y unidas por remache. Tienen un peso de 380 gramos.

Sus manifetaciones artísticas se concentran principalmente en este periodo de esplendor, en el que se advierte con mayor intensidad la influencia fenicia y en menor medida griega. Pero a pesar de ello es un arte con personalidad propia, cuyas mejores expresiones se encuentran en el campo de la orfebrería y la cerámica.

Ejemplo de la primera tenemos las joyas realmente magníficas encontradas en el Tesoro del Carambolo (Sevilla), que hoy comentamos, y de la segunda, piezas como el Jarro ritual de Valdegamas (Don Benito. Badajoz), o el Jarro del Museo Lázaro Galdiano (Madrid), de procedencia desconocida, y en este caso de influencia helenizante.
Dos brazaletes cilíndricos de unos 10 centímetros de altura por 12 de diámetro, con un peso de 550 y 525 gramos respectivamente.

De todos ellos destaca especialmente el primero, el Tesoro del Carambolo, una de las muestras de orfebrería más ricas y completas de la arqueología española.

El Tesoro está formado por 21 piezas de oro (de 24 quilates) de carácter ritual y también algunos objetos de cerámica. Fueron encontradas de forma totalmente fortuita en 1958, en los alrededores de la Real Sociedad de Tiro de Pichón de Sevilla, en el municipio de Camas, apenas a 3 Km. de la capital. 


Fueron los trabajadores que participaban en las obras de ampliación del Tiro de Pichón los que encontraron las piezas de oro, que al principio consideraron meras imitaciones, por lo que se las repartieron entre ellos, deteriorando incluso alguna de ellas.

 Por fortuna, el hallazgo terminó haciéndose público y ante la envergadura del mismo se realizó un estudio arqueológico en consonancia y se recuperaron las alhajas que se habían quedado los obreros.
El resultado final fue espectacular, por la riqueza del material empleado, oro puro, la perfecta técnica de orfebrería empleada y la variedad de piezas.
Un collar, con un peso total de 260 gramos, con dos ramas de cadenas cada una de 30 centímetros de longitud, terminadas en una anilla y un travesaño; un pasador pusiforme; 16 pequeñas cadenitas; y, por último, 7 colgantes con aspecto de sello signatario.

Al parecer están íntimamente ligadas al perodo de dominación fenicio y de hecho se pueden considerar parte del ajuar empeleado en el sacrificio de animales, en los rituales devocionales a los dioses fenicios Baal y Astarté, siendo lo más probable es que se utilizaran para colocarlos sobre estatuas rituales de animales, toros probablemente.

Diosa Fenicia Astartè

 De hecho en el lugar del hallazgo se descubrieron restos de un santuario fenicio en el que se han encontrado dependencias consagradas precisamente a los dos dioses anteriormente mencionados, así como una estatuilla de carácter votivo de la diosa Astarté.
Dos pectorales en forma de “galápagos” con peso de 245 y 200 gramos. El mayor lleva una decoración del mismo tipo que la de los brazaletes: semiesferas, rosetas encapsuladas. El menor con una decoración semejante a la de los colgantes del collar, a base de pequeños filetes.

Hay un repertorio muy concreto de objetos: 2 brazaletes, un maravilloso collar, 2 pectorales,  y 16 placas, realizados todos según un proceso técnico que incluía el fundido a la cera perdida, el laminado, troquelado y soldado de las joyas, con engastados de turquesas y piedras semiprecisosas. Todo el conjunto es probable que fuera enterrado un depósito ritual de ofrendas, de ahí su afortunada localización arqueológica.

En palabras de profesor Juan de Mata Carriazo, primer estudioso del hallazgo: “Un tesoro digno de Argantonio”, si bien también es cierto que el Tesoro del Carmabolo es más una muestra de arte fenicio que propiamente tartéssico.


fUENTE ; IGNACIO MARTÍNEZ BUENAGA (CREHA), y otras de la web.
Museo Arqueológico de Sevilla  

2 comentarios:

  1. Tengo una duda muy grandeeee!! el bronce de carriazo pertenece al tesoro del carambolo? Graciaaas!

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  2. El bronce de Carriazo, aunque es tartesico, no se considera parte del Tesoro del Carambolo en el que todas sus piezas son de oro, el bronce de Carriazo se supone que era parte del atavio del bocado de un caballo, gracias por comentar.

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