lunes, 12 de marzo de 2012

LA ALHAMBRA DE GRANADA Alqalá al-Hambrá





Dale limosna  mujer,
que no hay  en la vida nada,
como la pena de ser ciego en Granada .

 Francisco.A. de Izcaza.

Construido sobre una colina de la Sierra Nevada como un sueño petrificado de las Mil y una Noches, el Palacio de laAlhambra está en la cúspide del arte musulmán. 

Un paseo por diez siglos de historia entre las torres almenadas, los estanques silenciosos como espejos, los jardines laberínticos y los vericuetos arquitectónicos de la legendaria “fortaleza roja” de Alqalá al-Hambrá. 


El intrincado arabesco es el elemento decorativo fundamental que se repite como un flujo continuo a lo largo de las paredes de la Alhambra

Y es detrás de su rigurosa abstracción –impuesta por la prohibición coránica de representar imágenes– donde se esconde la esencia misma de toda la cosmogonía islámica. 

Son una serie de hexágonos y curvas entrelazadas, ángulos unidos por su vértice hasta el infinito, estrellas, palmetas con flores estilizadas, lengüetas de fuego, jazmines, hojas de acanto y copos de nieve, que recorren los muros, columnas y techos del palacio. 
  
La Alhambra, denominada así por sus muros de color rojizo («qa'lat al-Hamra'», Castillo Rojo), está situada en lo alto de la colina de al-Sabika, en la margen izquierda del río Darro, al este de la ciudad, frente a los barrios del Albaicín y de la Alcazaba.

Su posición estratégica, desde la que se domina toda la ciudad y la vega granadina, hace pensar que existían construcciones anteriores a la llegada de los musulmanes. 

Su conjunto, completamente amurallado, posee una forma irregular limitado al norte por el valle del Darro, al sur por el de la al-Sabika, y al este por la Cuesta del Rey Chico, que a su vez la separan del Albaicín y del Generalife, situado en el cerro del Sol.

Se tiene constancia por primera vez de ella en el siglo IX, cuando en 889 Sawwar ben Hamduntuvo que refugiarse en la Alcazaba y repararla debido a las luchas civiles que azotaban por entonces al Califato cordobés, al que pertenecía Granada. 



Posteriormente, este recinto empezó a ensancharse y a poblarse, aunque no hasta lo que sería con posterioridad, ya que los primeros monarcas ziríes fijaron su residencia en lo que posteriormente sería el Albaicín.


A pesar de la incorporación del castillo de la Alhambra al recinto amurallado de la ciudad en el siglo XI, lo que la convirtió en una fortaleza militar desde la que se dominaba toda la ciudad, no sería hasta el siglo XIII con la llegada del primer monarca nazarí, Mohamed ben Al-Hamar (Mohamed I, 1238-1273) cuando se fijaría la residencia real en La Alhambra. Este hecho marcó el inicio de su época de mayor esplendor.




Primero se reforzó la parte antigua de la Alcazaba, y se construyó la Torre de la Vela y delHomenaje, se subío agua del río Darro, se edificaron almacenes, depósitos y comenzó la construcción del palacio y del recinto amurallado que continuaron Mohamed II (1273-1302) yMohamed III (1302-1309), al que también se le atribuyen un baño público y la Mezquita sobre la que se construyó la actual iglesia de Santa María.

A Yúsuf I (1333-1353) y Mohamed V (1353-1391) les debemos la inmensa mayoría de las construcciones de la Alhambra que han llegado a nuestra época. 

Desde la reforma de la Alcazaba y los palacios, pasando por la ampliación del recinto amurallado, la Puerta de la Justicia, la ampliación y decoración de las torres, construcción de los Baños y el Cuarto de Comares, la Sala de la Barca, hasta el Patio de los Leones y sus dependencias anexas. De los reyes nazaríes posteriores no se conserva prácticamente nada.

De la época de los Reyes Católicos hasta nuestros días podemos destacar la demolición de parte del conjunto arquitectónico por parte de Carlos V para construir el palacio que lleva su nombre, la construcción de las habitaciones del emperador y el Peinador de la Reina y el abandono de la conservación de la Alhambra a partir del siglo XVIII. 

Durante la dominación francesa fue volada parte de la fortaleza y hasta el siglo XIX no comenzó su reparación, restauración y conservación que se mantiene hasta la actualidad.


Torre del Agua
Se conoce con este nombre por estar junto al acueducto que conduce el agua del Generalife a la Alhambra.

De la torre original, de grandes dimensiones y tres pisos sin decoración, sólo quedan restos, pues al igual que la Torre del Cabo de la Carrera fue volada en 1812.

El resto de la Alhambra no corrió la misma suerte gracias a José García, cabo de inválidos que cortó las mechas encendidas entre la Torre de la Carrera y la de las Infantas.


 Para el Islam –así como en otras religiones–, Dios está presente en todo lugar pero es invisible también en todo lugar. Resultaría sacrílego, idólatra, pretender representarlo o localizarlo de manera concreta en algún sitio. 

A diferencia de la Iglesia Católica, la mezquita no se utiliza como relicario de objetos que pertenecieron a algún santo; el mirhab no alberga ninguna estatua o imagen, y esa ausencia misma significa Dios.

 Por esta razón el vacío es característico en el arte islámico. Partiendo de esta idea se podrá comprender mejor la arquitectura de la Alhambra y su mundo de sugestiones donde lo invisible nunca será representado por signos visibles.
Presencia divina 
Aunque la Alhambra no sea un edificio religioso sino un palacio real, constituye por encima de todo un monumento a la fe.

 Y de hecho para el Islam no existe mucha diferencia entre el arte civil y el arte religioso; una habitación es siempre al mismo tiempo un lugar de oración en el cual se pueden ejecutar los mismos ritos religiosos que en la mezquita. 

Al recorrer la Alhambra, se descubren por todas partes mezquitas pequeñas o estancias para la oración orientadas hacia La Meca.

 La mezquita perteneciente al palacio fue demolida en un gesto de venganza por los Reyes Católicos al reconquistar Granada en 1492. En su lugar se erigió el elegante palacio renacentista Carlos V que desentona absolutamente con el resto de la Alhambra.


Dentro de esta estética de la abstracción –que encierra una filosofía–, aparece también en las paredes la caligrafía, otro medio para evocar la presencia divina.

 Bajo la forma de la escritura cúfica –en la que dominan los ángulos rectos–, o también el estilo cursivo llamado “naskhi”, la palabra coránica está grabada en cada rincón, interpelando de manera directa a la fe: “No hay más poder ni potencia que en Dios”.




Poema de la puerta de Comares


«Soy corona en la frente de mi puerta:
envidia al Occidente en mí el Oriente.
Al-Gani billah* mándame que aprisa
paso dé a la victoria apenas llame.
Siempre estoy esperando ver el rostro
del rey, alba que muestra el horizonte.
¡A sus obras Dios haga tan hermosas
como son su temple y su figura»



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